señalización
Código con vocación universal establecido por las autoridades para traducir y hacer legible la normativa existente sobre el uso del espacio público, estableciendo prohibiciones, recomendaciones, informaciones, etc. útiles para que la vida colectiva se desarrolle de manera ordenada. Las señales (verticales, horizontales y luminosas) obedecen a un estricto sistema de colores, materiales y tamaños que las hace homogéneas y legibles para todas las personas. La mejor señal es la que no necesita componente verbal, aunque algunas veces resulta imprescindible.
La señalización por sí misma no es a veces suficiente para que las limitaciones se respeten, por lo que en algunas ocasiones se recurre a fórmulas más operativas como la elevación de pasos peatonales u otros mecanismos reductores de velocidad para que las personas que conducen respeten los límites establecidos o el uso de pivotes para que los automóviles no invadan las aceras.
Un interesante punto de debate y controversia es la tendencia a hiperseñalizar o por el contrario reducir el número de señales necesarias. En los entornos urbanos, el propio diseño de la calle debería hacer innecesario el uso de gran cantidad de señales. En las áreas de convivencia o peatonales se recomienda no perturbar el paisaje urbano más que con el mínimo imprescindible de señalización; la máxima expresión de esta tendencia son las fórmulas de espacio compartido que se vienen ensayando desde los años 80 con las primeras experiencias de Hans Monderman.